Por Ariel Fernandez

La muerte de Cristina Vazquez

No llevaba un año de ser absuelta. El 26 de diciembre de 2019 la Corte nacional absolvió a Cristina Vazquez por el homicidio a raíz del cual la habían condenado a prisión perpetua. Condena que pagó, injustamente, con 12 años de su vida.

Me sacaron parte de mi juventud”, dijo cuando salió libre[1]. Sin embargo, ayer Cristina fue encontrada muerta en su domicilio de Posadas, provincia de Misiones, después de que dejara de responder mensajes y llamados. Las causas de la muerte todavía no han sido determinadas.

El caso de los medios

¿Era posible que me hubiera hecho amiga de una asesina?, se pregunta Magda Hernández Morales en el documental Fragmentos de una amiga desconocida[2]. La cámara enfoca su rostro que observa fotografías. Madga y Cristina se hicieron amigas cuando trabajaban como camareras en el barrio de Recoleta, de la Capital Federal.

El 28 de julio de 2001, una vecina (Ersélida Lelia Dávalos) apareció muerta en su domicilio, con golpes brutales en su cabeza. De la autopsia, surge que las lesiones en su cráneo eran compatibles con un elemento de tipo “caño”. Sin embargo, desde los medios de comunicación locales se definió que el arma había sido un martillo.

La Policía fue en busca de Cristina Vazquez, acusada de haber robado y asesinado a Dávalos. Cristina tenía 19 años. A partir de esta acusación, Vazquez fue rotulada en los medios como la “Reina del martillo”.

El caso de la Fiscalía (¿?)

La Fiscalía sostuvo que a Dávalos la mataron tras robarle dinero y joyas. Según la Instrucción, se presentó una señora en forma libre y espontánea a testificar y dijo que había visto a un hombre vender joyas que pertenecerían a la víctima. Este hombre sería Ricardo Jara, que era pareja de Cecilia Rojas…que era conocida de Cristina Vazquez…que vivía cerca de Dávalos.

Para el fiscal, esto fue suficiente para concluir que Cristina Vazquez mató. Fijó esta hipótesis de los hechos como única línea de investigación, descartando otras posibilidades sin más. Sin embargo, no se explicó ni cómo ni por qué Cristina habría cometido tal crimen. Con este solitario y remoto indicio, los tres (Jara, Rojas y Vazquez) fueron condenados a prisión perpetua.

¿No les parece que faltaba algo? ¿No les da la sensación de que había pocas pruebas para sostener su autoría? A Magda sí le pareció.

Fragmentos desconocidos

¿Era posible que me hubiera hecho amiga de una asesina?, pensó Magday decidió que la única manera de comprobarlo era investigar por su cuenta. Correr el velo detrás de la cortina judicial y mediática. Indagar sobre los fragmentos desconocidos de su amiga, que estas agencias mostraban como una verdad inconmovible.

Esto la motivó a realizar un film-documental con la idea de reconstruir los hechos para mostrar que Cristina era inocente. Desde el Observatorio de Prácticas del Sistema Penal[3] se mostró que la teoría del caso abordada por la acusación pública resultó por demás endeble.

Esa mujer que testificó sobre la venta de joyas sólo lo hizo una vez, y en la Instrucción. No se presentó en el debate oral para ser contraexaminada, tampoco aparecieron las joyas ni existió testimonio alguno que corroborara aquella versión[4].

La víctima, una jubilada del Poder Judicial de Misiones, era una persona que guardaba mucho celo de su seguridad personal. Por testimonios de vecinos, se sabía que no le abría la puerta de su domicilio a prácticamente nadie.

No obstante, no había signos de violencia en puertas ni ventanas, y la alarma de la casa no había sido activada. Pero ahora viene lo interesante: la noche del asesinato un testigo dijo haber visto salir al electricista muy rápido, cerca de las 21.30hs. 

En base a las pericias, se estimó que el ataque ocurrió entre las 21 y las 24. Y la muerte, durante las primeras horas de la madrugada. Pero la investigación no siguió esa pista, ni ninguna otra.

Condenada por adicta, liberal y promiscua

           «¿Por un ‘dicen que’ me van a llevar a juicio?»[5], cuenta Cristina en el documental. No podía entender cómo un rumor lejano era suficiente para juzgarla. El Tribunal de juicio desestimó que Cristina se encontrara aquella noche a 8 kilómetros del lugar, en una granja de Garupá, Misiones.

           Su coartada no tuvo fisuras, ni internas ni externas. Por el contrario, dos testigos la ratificaron. No obstante, el Tribunal los descartó “por considerar joven a la primera y mal padre al segundo[6]. También descartó otros elementos de descargo: en la escena del crimen no había rastros ni huellas de Vazquez; el ADN encontrado dio negativo en su cotejo con el de Cristina; no había testigos directos que acreditaran su culpabilidad[7].

Sin pruebas concretas de su participación, ¿cómo fundó su sentencia el Tribunal? Pues bien, se puso a mirar la forma de vida de Cristina y la prejuzgó como liberal y promiscua. Dijo que tenía tendencias “a cometer delitos contra la propiedad para adquirir estupefacientes y satisfacer adicciones[8]. Entonces la condenó. No por lo que hizo, sino por lo que era.

            Este mecanismo es habitual en casos donde existe una mujer, sea víctima o sea imputada. Son las piedras que hacen sonar al río de la arbitrariedad. Se completa el vacío de los fundamentos materiales con aspectos que tienen que ver con el rol esperado de la mujer bajo la matriz heterosexual cis patriarcal. Es decir: se investiga, se juzga y se condena con machismo y sin ningún tipo de perspectiva de género.

El largo derrotero hacia la inocencia

Luego de la condena, el Superior Tribunal de Justicia de Misiones confirmó la sentencia condenatoria. y el expediente llegó en 2015 a la Corte Suprema. La Corte dejó sin efecto la decisión del máximo órgano provincial, ordenando una nueva revisión ajustada a los estándares establecidos en el precedente Casal.

El Superior Tribunal, con distinta integración, no sólo resolvió confirmar la sentencia condenatoria: no revisó ni una coma de su decisión anterior. En el fallo, pueden observarse pasajes enteros copiados y pegados de la resolución que la CSJN había ordenado revisar.

Este escándalo derivó en que nuevamente las defensas de Vazquez y Rojas hayan acudido ante el máximo tribunal de la Nación. Así, el 26 de diciembre de 2019, ambas fueron absueltas. Más de 18 años después de la noche fatal y luego de que Cristina haya transcurrido 11 años presa en el penal de Villa Lanús.

El fin de la pena

            Casos como este ponen de manifiesto las reales consecuencias de la pena privativa de la libertad. En particular, exponen la muerte de la persona en forma secuencial: primero, para el sistema jurídico-penal, luego para los dispositivos de capilaridad social, y finalmente en la esfera de la individualidad, mediante la propia ejecución de la pena.

            La muerte de Cristina Vazquez evidencia que el método legal de búsqueda indiscriminada de la verdad ya no puede legitimar esta administración estatal de dolor. Nuestras penas no privan sólo de la libertad. No es posible admitir que la vindicta pública tenga como precio la vida humana.

 

Referencias:

[1] Página/12, “Liberan a las dos mujeres condenadas por un crimen sin pruebas en Misiones y absueltas por la Corte”, 28/12/2019 Consultado en [https://bit.ly/34FYf4c] en fecha 27/8/2020.

[2] Película “Fragmentos de una amiga desconocida”. Trailer disponible en Youtube. Consultado en [https://youtu.be/u9iZcYBwrso] en fecha 27/8/2020.

[3] http://www.observatorioapp.org/tag/cristina-vazquez/. Consultado en fecha 27/8/2020

[4] GUEREÑO, Indiana, Cristina Vázquez, Condenada sin pruebas a prisión perpetua, publicado en Cosecha Roja, 5/10/2015. Consultado en [https://bit.ly/2G0jEdR] en fecha 27/8/2020.

[5] Película “Fragmentos de una amiga desconocida”, op. cit.

[6] GUEREÑO, Indiana, Condenada sin pruebas a prisión perpetua, op. cit.

[7] OPSP, “Las claves de la inocencia de Cristina Vázquez”, 1/7/2019. Consultado en [https://bit.ly/2Eora20] en fecha 27/8/2020.

[8] OPSP, “Las claves de la inocencia de Cristina Vázquez”, op. cit.

Somos un equipo de profesionales y docentes, de diversas especialidades y trayectorias en EEUU, Chile, Argentina y otros países del continente, que nos dedicamos a dar entrenamiento a defensores, fiscales y otros operadores jurídicos, en todo el arco de prácticas de oralidad; tanto penales, como civiles y de juicios por jurados.

ALACIPE

Santiago Amengual 68,
San Antonio, Valparaíso, Chile.

ESCRIBINOS!

info@alacipe.cl

LLÁMENOS HOY!

+54 9 3424 78-0373